Cuando el sueño ya no es privado
Guillem sufre narcolepsia con cataplejía, una enfermedad neurológica que le ha robado el control sobre su propio cuerpo y mente. Sus sueños ya no son refugios privados: son territorios inestables donde la frontera entre dormir y despertar se desvanece. Cuando comienza a sospechar que alguien más tiene acceso a sus sueños, su vida se convierte en una lucha desesperada por distinguir qué es real y qué no lo es.


Una exploración profunda de la narcolepsia y sus efectos psicológicos devastadores.
Temas freudianos: el ello, el yo, el superyó, la represión, el subconsciente.
Ambientación en Barcelona con atmósfera cinematográfica oscura y misteriosa.
Un misterio que cuestiona la privacidad de nuestros pensamientos más íntimos.

Capítulos I-IV: El Sueño, El Ello, El Yo, El Superyó
Capítulos V-VIII: La Libido, La Represión, El Acto Fallido, El Complejo de Edipo
Capítulos IX-XI: La Transferencia, El Conflicto Anímico, El Subconsciente
Capítulo XII: El Despertar
David Núñez Carrasco
David Núñez Carrasco es autor de thriller psicológico catalán. HIPNOFÍLIA es su primera novela, una exploración profunda de los límites entre sueño y realidad.

"No siempre he sabido cuándo dormía. Hay noches que comienzan antes de cerrar los ojos, y días que no terminan cuando el cuerpo se levanta de la cama."
"«Sueña el rey que es rey, y vive con este engaño mandando, disponiendo y gobernando; y este aplauso, que recibe prestado, en el viento escribe, y en cenizas le convierte la muerte, ¡desdicha fuerte! ¿qué hay quien intente reinar, viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte?»."
No siempre he sabido cuándo estaba durmiendo. Hay noches que comienzan antes de cerrar los ojos y días que no terminan cuando el cuerpo se levanta de la cama. Durante mucho tiempo creí que se trataba de fatiga, una forma defectuosa de habitar el mundo. Más tarde me di cuenta de que no: hay estados que no responden ni al reloj ni a los nombres que les damos, y que confundirlos con la vigilia es una forma lenta de peligro. La primera vez que lo noté, no pasó nada extraordinario. Ninguna visión. Ninguna revelación. Solo una incómoda certeza: algo ya había comenzado sin mí. Todo parecía igual —los objetos en su lugar, las personas fieles a sus gestos—, pero el mundo se había desplazado una fracción minúscula, casi imperceptible, como si hubiera ajustado su distancia respecto a mí sin pedir permiso. No sabría decir cómo me di cuenta. Solo que algo ya no encajaba exactamente con mi cuerpo. Como si el lugar me hubiera recalculado. No se lo conté a nadie. El silencio es una forma de supervivencia cuando aún no tienes el lenguaje para explicar lo que te está pasando. Callar es mandar. Callar te permite mantener lo que aún no ha tomado forma. Pero también se acumula. A veces, en ese estado ambiguo, las palabras llegaban antes que el significado. Algunas no eran mías. No porque vinieran de fuera, sino porque no habían sido pensadas. Se habían activado. Parecían recordar algo que aún no había vivido. Otras veces era al contrario: el significado estaba ahí, denso, compacto, y las palabras llegaban tarde, torpes, como si tuvieran que traducir una experiencia que no les pertenecía del todo. Empecé a escribir fragmentos sin fecha. No eran diarios. No explicaban nada. Solo registraban: una imagen demasiado clara, una frase que no encajaba en ninguna conversación, la sensación persistente de que algo se estaba preparando en un lugar en el que aún no había entrado. No lo hacía para entenderlo, sino para no perderlo. Porque hay cosas que, si no las miras, no desaparecen. Se acumulan. Y cuando regresan, lo hacen con peso. Con el tiempo, comprendí que un sueño no es un lugar al que se entra, sino un lugar que se abre. Y que no se abre igual para todos. Algunos lo atraviesan como si cruzaran una habitación oscura. Otros permanecen en él demasiado tiempo. Y hay quienes, sin querer, dejan la puerta entreabierta. Aún no sabía qué significaba eso. Solo sabía que, a partir de cierto punto, el sueño ya no era solo mío. Que las imágenes empezaban a tener consecuencias. Que las palabras pronunciadas sin una lengua concreta dejaban rastro. Que lo que siempre había considerado íntimo exigía una atención que yo no podía mantener por mí mismo. Intenté seguir como si nada hubiera pasado. Es sorprendente lo mucho que el mundo permite esta ficción. Pero hay una diferencia sutil —e irreversible— entre ignorar algo y ser incapaz de dejar de saberlo. Cuando esa diferencia se afianza, no hay vuelta atrás. Lo que antes era una experiencia privada comienza a exigir un juicio. Y el juicio, cuando llega, casi nunca lo hace a tiempo. Si estás leyendo esto, es porque algo también ha cambiado ligeramente de lugar. No lo suficiente como para asustarte. Lo suficiente como para que te des cuenta de que el sueño, ese estado que creemos inofensivo, puede que no sea tan inofensivo después de todo. O tal vez sea demasiado inofensivo. No te pediré que creas nada. Sigue adelante. Porque lo que sigue no es una explicación, sino una aproximación. Y porque todo esto comenzó mucho antes del primer recuerdo, del primer sueño consciente, del primer intento de despertar. Comenzó el día en que me di cuenta de que no sabía si había dormido.
Descubre HIPNOFILIA a través de estos vídeos reels que capturan la esencia de la novela
Una novela que dialoga con los grandes referentes de la ciencia ficción y el thriller psicológico
"La realidad es aquello que, cuando dejas de creer en ella, no desaparece."
En HIPNOFILIA, Guillem no puede dejar de creer en sus sueños, pero tampoco puede confiar en ellos. La frontera entre lo real y lo soñado se desvanece hasta que ya no importa la diferencia.
"En los sueños, la responsabilidad es cero."
Pero, ¿y si alguien más puede acceder a tus sueños? HIPNOFILIA explora el terror de un espacio íntimo violado, donde tu mente dormida ya no es refugio sino territorio expuesto.
"La tecnología no es mala. Pero tampoco es buena. Depende de cómo la uses."
Como Black Mirror, HIPNOFILIA examina cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta de control y vigilancia, pero en lugar de pantallas, el campo de batalla es la mente dormida.
Disponible en ebook y tapa dura

Ebook

Formato Papel
(en preparación)
We use cookies to improve your experience on our website.
For more information, read our Privacy Policy